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Para recordar a Ramón CarrilloEl 7 de marzo de 1906 nació en Santiago del Estero, médico neurocirujano, fue el primer ministro de Salud Pública de la Nación en 1949. Combatió eficazmente el paludismo y promovió el establecimiento de puestos sanitarios de frontera. Murió en Brasil el 10 de diciembre de 1956.
Bachiller adelantado, a los 18 años ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA y tres años después era practicante en el Hospital de Clínicas. A los 23 años se recibió de médico con medalla de oro y su tesis doctoral fue premiada. Becado al exterior, durante tres años investigó sobre esclerosis cerebral y la polineuritis experimental. A su regreso, organizó el laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica. En 1942 fue designado profesor titular de Neurocirugía en la facultad de Medicina, donde llegaría a ser decano interino en 1945. Implementó nuevas técnicas de diagnóstico neurológico y fue uno de los precursores de la tomografía computada. Era “un santiagueño de aquellos”, distraído, olvidadizo, reconcentrado en sus pensamientos. Y muy talentoso. De una memoria extraordinaria y fotográfica, es considerado el padre del sanitarismo en la Argentina. Fue un destacado neurólogo y neurocirujano, que impulsó una fuerte transformación en la salud pública del país, creando instituciones sanitarias gratuitas y permitiendo así una mayor equidad en la atención médica.
En 1946, a los cuarenta años, se casó con Susana Pomar, una chica de 21 años que vivía en Castelar, se habían conocido siendo él profesor y ella alumna. Sus padrinos fueron Perón y Evita. Carrillo se integró al gobierno que asumió el 4 de junio de 1946. Se elevó la secretaría de Salud al rango de ministerio. Creó los Centros de Salud, pequeñas unidades asistenciales ubicadas en barrios. Empezó con 50 y prometió llevar el número a 400. Calculaba que cada centro podría atender a 20 mil personas. Crearía 104 centros y 53 institutos médico-asistenciales. Durante su gestión, se crearon cientos de establecimientos. “No puede haber medicina sin medicina social”, sostenía en su obra “Teoría del hospital”, editada en 1951. Fue ministro durante ocho años. En esos años se construyeron 21 hospitales con una capacidad de 22.000 camas. En colaboración con la Fundación Eva Perón, se levantaron policlínicos en Avellaneda, Lanús, San Martín, Ezeiza, Catamarca, Salta, Mendoza, Jujuy, Santiago del Estero, San Juan, Corrientes, Entre Ríos y Rosario. Con el apoyo de Eva Perón, creó los Torneos Juveniles Evita, una excusa para hacerles estudios y vacunar a los chicos que participaban. Fue el que implementó que los chicos en la escuela primaria debían presentar un certificado de salud. Bajó la mortalidad infantil y llevó adelante intensas campañas de vacunación. Cuando logró erradicar el paludismo, convirtió al servicio nacional de lucha antipalúdica en lucha antituberculosa. Permaneció en el ministerio hasta 1954, cuando renunció por problemas de salud. Perón nunca le creyó. Volvió a la cátedra de Neurocirugía y en 1954 se le ofreció una beca para llevar adelante un estudio antibiótico en los Estados Unidos. El 15 de octubre partió, junto a su esposa y cuatro hijos, de Buenos Aires. Nunca más volvería al país. Al querer regresar por mar -le tenía terror a los aviones- una huelga de portuarios retrasó su partida, los pasajes vencieron y no le permitieron renovarlos. Ahí empezó su calvario. Se enteró del golpe de 1955 cuando viajaba desde Nueva York a Boston a una consulta con un cardiólogo. Supo que algunos de sus hermanos estaban o presos o prófugos, como muchos de sus amigos. Le aconsejaron que se mantuviera en el exterior hasta que las cosas se calmasen. Le pedía ayuda a una de sus hermanas, Carmen Antonia, porque no tenía dinero. Dependía del dinero que le mandaban familiares y amigos. Le cortaron los fondos de su beca y su casa en Buenos Aires fue allanada. Le mandó un telegrama al general Eduardo Lonardi, en el que se ponía a su disposición para ser investigado. Nunca le respondieron. No tenía ni para pagar la comida, menos para regresar. “Cuando llegue, me meten preso, no sé por qué carajos”, protestaba. Quiso buscar trabajo de mozo o ayudante de cocina, pero no estaba bien de salud. Consiguió empleo de médico en una compañía americana de explotación de metales, en plena amazonia, a dos días de Belém do Pará, en Brasil. Cuando llegó, comprobó que era la primera vez que los trabajadores veían a un médico. El día que cumplió 50 años lo hizo con un terrible dolor de cabeza y fue en algunas oportunidades a Río de Janeiro a tratarse. El 28 de noviembre de 1956 sufrió un derrame cerebral que le paralizó la parte izquierda de su cuerpo. Quisieron trasladarlo a un centro de mayor complejidad pero era arriesgado hacerlo en esas condiciones. Falleció en el hospital de Belém el 20 de diciembre a las siete de la mañana. En diciembre de 1972, por gestiones de la provincia de Santiago del Estero, sus restos fueron repatriados y depositados en la bóveda familiar. Actualmente hay un billete de 2.000 pesos con su imagen y la de Cecilia Grierson. Una historia para recordar. www.info-almagro.com.ar - 5684 caracteres – Lunes 09/03/26 - Fuente consultada: Infobae |