ALMAGRO
Madero, el rematador
allá, en 1870
ponía tierras en venta
"en lugar de lo mejor".

Visionario, soñador,
200 lotes ofrecía,
"y lo llevará el tranvía
al futuro comprador".

Los volantes predecían
que el Nuevo Pueblo de Almagro
iba a lograr el milagro,
solo en salud vivirían.

El anuncio lo ponía
adentro de un pan francés;
si no lo vés, lo comés
publicidad y cortesía.

Juan de Garay, fundador
las obsequió en repartija
a Juan Almagro, Auditor;
con su nombre las cobija.

Y según el proletario
Medrano, era su epicentro
arbolado y soñoliento
con quinteros sin horario.

Con coraje temerario
moldeó sucios bodegones,
donde robustos patrones
al guapo, lo hizo canario.

Botón, cabo, comisario;
se pobló de gente inquieta
hasta Mireya, coqueta,
lució en su vecindario.

Se crearon varios diarios
con profetas del saber,
que hizo fuente en su beber
dando lustre al más otario.

Cómo se hizo querer
el Padre Lorenzo Mazza,
sacó el fútbol de la plaza
en su hidalgo entender.

Puso en su pecho bizarro
fé, convicción y cariño,
limpia gambeta del niño:
Club San Lorenzo de Almagro.

Bailongos de inquilinatos
fueyes y sus entrevero,
hasta algunos tiroteos
amenizaban sus ratos.

Barriada piropeadora
de poetas y canfinfleros,
payadores, guitarreros,
silbar de enagua sonora.

Se plantó el primer buzón,
tuvo tranway a caballo,
quintas de olor a zapallo,
Cuitiño estrenó facón.

Hora de ronda, silbatos
y hasta el tren de la basura
paseó su oliente figura
acompañado de gatos.

Compartió la extremaunción
con sus curas salesianos
y hasta el tenor italiano
en su modesto acordeón.

Tuvo vecindad andaluza,
cebó mate en conventillo
bailó en piso de ladrillos,
jugó bolita cachuza.

Vendedores canasteros,
cortinitas de esterillas,
negros de largas patillas
caferatas y pequeros.

Se puso corsé y entalle
al tomar té con masitas,
"Las Violetas", una cita
daba corte, daba calle.

Tuvo fábrica de pomos
con su agua perfumada
y el botón de la parada
acompañaba a los nonos.

Por el 30, era fragancia
y la sigue manteniendo,
hasta el aire va diciendo
Gardel cantó mi prestancia.

Cafés y palcos de tango
con escribas shomerías,
de lápiz en lecherías
y de rascas sin un mango.

Del cine con su pianito,
de regias salas teatrales,
de ahuyentadora de males
y del fiolo compadrito.

Biblioteca de cieguitos
canto de amor y cultura,
sus manos que son lectura
por relieve de libritos.

Reñideros, pulperías,
industriales y librero,
escultores, sobrereros,
piedra pome en barberías.

Supo de aprietes largos
fue devoto a toda hora,
le rezó a su Auxiliadora
en Camarín de San Carlos.

Todo pasó por el barrio,
nada lo fue sin sentido,
nada quedó en el olvido,
lo humilde o lo estrafalario.

A la barriada querida
el tango mece tu cuna,
bajo la luz de la luna,
Almagro, vos sos mi vida.

Autor: Juan José Vieytes "Chichín Porteño"