DON RAMÓN DE ALMAGRO
"El Poeta del Subte"



Foto: Daniel Grad


Disculpe

Por la vieja costumbre de comer,
que nos hace salir cada mañana
con mis versos golpeo su ventana,
disculpe, ¿qué otra cosa puedo hacer?

Mi poesía es simple, es sencilla,
con palabras comunes, ya lo ve,
que esto mío no será una maravilla,
aunque dicen que tiene "no sé qué".

Será por que hablo de las cosas
que nos tocan a todos y tal vez
se sorprenda al ver que no son pocas
coincidencias, las que tengo con Ud.

Yo no soy un Benedetti o un Darío,
de pensarlo, ya sería un desatino,
pero me honra decir: soy argentino
y lo que hago, no es mucho, pero es mío.

Y me voy siguiendo el recorrido,
quedan muchas ventanas por golpear
y al seguir cada cual por su camino
solo espero... me sepa... disculpar.

Ramón de Almagro





Tu Espalda (Soneto I)

Tu espalda es mi descanso, mi sosiego,
es la calma después de haber amado,
tu espalda es un refugio donde llego
a lamer mis heridas angustiado.

Tu espalda es taller de mi poesía
en las noches que paso desvelado,
tu espalda tiene el fin de cada día,
con el sueño y un beso ya cansado.

Y si todo se me hace cuesta arriba,
si la vida se ensaña con mi vida,
más que nunca, tu espalda es necesaria,

Pues si es dura la mano del destino,
tu espalda es el altar donde me inclino
para elevar a Dios... una plegaria.

Ramón de Almagro



Se lo dediqué a mi esposa Doña Elsa,
desde entonces, me espera con vino fresco.



Mi Poema de Abril

Picoteando la cáscara
de algún viejo recuerdo
con la lluvia de Abril
nacerá mi poema
le pondré mis colores
los más puros y claros
una música tenue
y un perfume de nardos.

Como una luciérnaga
brillará titilando
y se irá por los aires
escapando de mi alma
se estirarán mis manos
sin poder alcanzarlo,
se quedarán mis labios
como siempre rogando:

Que una estrella lo guíe
que lo acerque a tu lado,
pues si tú lo encontraras,
y llegas a escucharlo
mi poema de Abril
quizá viva... hasta Mayo.



Olvido

Tú puedes olvidar y los recuerdos
Se pegan a mi piel como un castigo

Tú puedes olvidar, yo sólo vivo
Añorando el querer que se ha perdido

Tú puedes olvidar y a cada noche
Mil vueltas yo le doy buscando olvido

Tú puedes olvidar, cómo quisiera
Olvidar como tú... sin un suspiro.



Página en Blanco

... y me vuelco a una página en blanco,
a llenar los renglones vacíos...

...a tratar de formar con palabras,
un poema que venza tu hastío...

...el que arranque por fin de tus labios
un susurro que suene a suspiro...

... el que logre llevar a tus ojos
unas gotas de suave rocío ...

... el que pueda poner en tu pecho
algo de esto que hoy late en el mío...



Ronda para Malva

Esa niña, aquella, de los ojos claros,
la que llaman Malva,
la de pies desnudos, y a veces sangrando,
no tiene apellido.

Entre los cartones donde ella ha nacido
nunca sobra nada,
y menos monedas para un colectivo,
y...
no la anotaron.

Su madre...
Su madre ha buscado,
entre los recuerdos,
unos ojos claros,
unos ojos claros o algo parecido.
Pero tan oscuro siempre fue el amor.
Sólo por las noches se le han acercado
siempre atropellados
pidiendo el favor,
y luego se fueron
como habían llegado,
siempre apresurados,
sin decir adiós,

Y esa niña, aquella,
la que llaman Malva,
la de pies desnudos y sin apellido,
a todos nos mira, como preguntando:
¿Estos ojos claros,
estos ojos claros
de donde
han venido?



El Velero Blanco

Desde que era niño siempre tuvo el sueño,
que le dio un barquito hecho de papel,
y fue desde entonces que quiso ser dueño
del velero blanco y bogar en él,
no por los paisajes de cielos lejano
tampoco por islas de hermoso coral
él solo soñaba sentarse en su barco
y por una brisa dejarse llevar.

Al pasar el tiempo se quedó en un sueño
como tantos sueños, su sueño de mar
nunca dijo nada, pues siempre temía
que si alguien sabía se fuera a burlar.

Hoy que ya está viejo, y nadie le ofrece
por sus pocas fuerzas un trozo de pan,
agarra la silla, esa que se mece,
y se va hasta el patio, buscando soñar,
en la vieja silla se siente en el barco,
cerrando los ojos escucha la mar
y hasta hay una brisa...
que baja a sus labios
olas muy pequeñas...
con sabor...
a sal...



Niña de la Arena

Niña que en la arena te encontré llorando,
con un llanto blando, tu primer amor,
orgullo de niña que se hallaba herido,
tal vez un motivo, que nunca existió.

Por algo que él dijo o no sé que cosa
tu boca de rosa se te marchitó.
y aquellos pucheros, los que se habían ido,
vuelven del olvido a llorar tu amor.

De un mundo de mimos salís a la vida,
y aquí,
no hay quien cuida de algún moretón,
ya viene la noche niña de la arena
recoge tu pena, mañana...
mañana habrá sol.



Me han tirado un beso esta mañana

Me han tirado un beso esta mañana,
me lo enviaron los labios de un niño,
y tú sabes cuanta sed hay en el alma,
de la más simple muestra de cariño.

Me han tirado un beso esta mañana,
y mira como influyen estas cosas,
que mi aburrido día de semana,
de golpe... se pobló de mariposas.



Me Pregunto (Soneto II )

Que se dirán, amor, esas veredas
Que nos vieron pasar juntos del brazo
Que se dirán, amor, hoy que nos queda
Llevar entre los dos nuestro fracaso.

Que se dirán, amor, aquellos árboles
Que marcamos con tantos juramentos
Que se dirán si oyen nuestras voces
Discutiendo llevadas por el viento.

Que se dirán, amor, esas estrellas
Que se dirán al ver nuestras querellas
Que se dirán, ya sé... no dirán nada.

Amores tan deshechos como el nuestro
Se ven tantos, amor, que por supuesto,
Las estrellas ya están... acostumbradas



La Niña del Lago

La niña sentada a orillas del lago,
Leyendo poesía de su libro Azul,*
Te muestra que todo, no está tan cambiado,
Están los que sueñan, lo mismo que tú.

Son los que leyendo de un mundo de ensueño,
Mundo de romance, reino del amor,
Sienten que ellos pueden también ser los dueños
De esos sentimientos que brinda el autor.

Sueñan ser amados como en la poesía,
Por seres perfectos de muy suave voz,
Que al hablar envuelven con la melodía
Que solo se escucha cuando habla el amor.

La niña del lago levanta los ojos,
Viendo que la tarde ya casi pasó,
Leyendo poesía se le hizo tan corta,
Que dubitativa... mira su reloj.

Con pena, suspiros, recoge sus sueños,
Los guarda entre hojas de su libro Azul,*
Y por un sendero se nos va corriendo,
Ha vuelto este mundo, de tanta inquietud.

Don Ramón de Almagro



Poema inspirado en el lago del Parque Centenario.
*Azul: Famoso libro poético de Rubèn Darío.



Cielo Porteño

Quiero palmar cerca del Obelisco
donde a Corrientes la besa Diagonal
así, mi alma, tendrá un vuelo cortito,
mi primer vuelo, directo al Luna Park.

Volveré a ver mis ídolos queridos,
en la tribuna los puchos parpadear,
y hasta posible que vuelva del olvido,
la mina aquella del baile en carnaval.

Daré la vuelta, planeando por Corrientes
seguiré el tránguay de la vía final.
y en Medrano saludaré mi gente,
y a los chochamus del feca del billar.

Quiero arribar temprano a Chacarita.
Primera fila si es posible ocupar
para tenerlo al Morocho de cerquita,
cuando en la noche, se nos ponga a cantar.

Ese es el cielo, el cielo que yo quiero,
el de Corrientes, de Chaca al Luna Park..

Ramón de Almagro


El poema precedente obtuvo el 2° premio del concurso
VIVENCIAS DE BUENOS AIRES II, era para la tercera edad y el premio me lo dieron este año en el salón dorado de la casa de la cultura.-



El Conventillo del Abasto

Oh que orgulloso me siento
esta mañana de Mayo
llevando sobre mi pecho
el color azul y blanco
el color de la bandera
que flamea allá en lo alto
recordando la grandeza
de los próceres de Mayo

Estos versos los aprendí cuando era chico, pero no los aprendí en el colegio ni en mi libro de lectura, los aprendí de Carlitos el chico de la pieza de al lado del conventillo de la calle Humahuacaa, donde vivíamos, Carlitos siempre estaba encargado de decir versos porque iba al colegio impecable con el delantal blanco bien planchado y el jopo peinado con gomina, para aprender esos versos Carlitos los repetía en voz alta yendo y viniendo por el patio del conventillo, por lo general junto con él, los aprendíamos todos los de la casa, de Carlitos también recuerdo un pedacito de otro versito que decía así, "French y Berutti capitanean la gente joven que se aglomera" , la que también ponía un versito para las fiestas patrias era doña Alicia, doña Alicia había llegado al conventillo con un señor que al tiempo se marchó a comprar cigarrillos y nunca más volvió, de ella también se comentaba que tenía una hija grande, el comentario siempre era en voz baja, porque parece que la chica era de un señor anterior y no del que se fue a buscar los cigarrillos, esto de la hija siempre fue un rumor porque nunca se la vio por el conventillo, al menos en los años en que yo viví, bueno el versito que decía Doña Alicia era así " En el pecho de lo niño un pájaro poso el vuelo un pájaro pequeñito del mismo color del cielo" siempre se sonreía cuando decía "de lo niño" yo me imaginaba que se acordaría de la hija cuando era chica, que seguramente sería ella la que habría dicho el verso así, yo me imaginaba pero nunca decía nada, pues desde chico me di cuenta, como se dan cuenta todos los pibes, que había cosas de las cuales nosotros no podíamos hablar, el versito la verdad era hermoso, todos entendíamos en seguida, que se trataba de la escarapela cuando hablaba del pájaro en el pecho, decía unas palabras y quería decir otras, con los años aprendí que eso era lo que se llama metáfora, hablando de versos también recuerdo que en la radio del papá de Carlitos, que era el único que tenía radio en el conventillo, escuchaba a Hector Gagliardi que recitaba unos versos que hablaban de la guerra y de los chicos que en Europa pasaban hambre, me acuerdo un poquito, era más o menos así "Y que hace frío y que hiela y que no tienen ropita que donde estaba la aldea con la capilla chiquita nunca más en noche buena llamará la campanita, y vagan por los caminos buscando lo que no encuentran con los ojitos hundidos y los piecitos con grietas, vencedores y vencidos los arrastró la tormenta y el viento de los caminos arrastra sus almas muertas, y cae la nieve en Europa y lo que toca lo aquieta es el traje de una novia que esperando quedo muerta" y ahí me di cuenta la suerte que había tenido yo de nacer en la Argentina, era como un milagro como una bendición que me había dado Dios, un regalo, un regalo especial que Dios me había hecho, y me sentía tan orgulloso de ser argentino, yo que iba a pasar hambre si mi vieja me preparaba unos pedazos enorme de pan con manteca y encima, encima le ponía azúcar. ¿Y la ropa? Si hasta tenía un pantalón sin estrenar, me lo había regalado mi madrina para mi cumpleaños, miren lo que me vino a regalar, un pantalón y eso que yo la había llevado a la vidriera de la juguetería donde había un hermoso revolver de comboy con la empuñadura blanca como el que usaba el muchachito de las películas, eso era lo que yo quería y más bronca le agarré al pantalón cuando la escuché a la vieja que le decía a mi madrina "el pantalón lo tengo guardado para cuando lo lleve al nene al doctor porque lo quiero hacer operar de la garganta".
A mi papá nunca lo veía se iba a la mañana temprano y volvía a la noche cuando yo ya estaba dormido, en cambio el papá de Carlitos trabajaba nada más que a la mañana en un frigorífico donde era matambrero y ganaba muy bien, yo pensaba que ellos eran ricos porque tenían la radio, eran tucumanos, la tucumana hacía unas empanadas riquísimas. siempre le sobraba relleno que comíamos los chicos con una cuchara grandota de madera, al padre de Carlitos siempre lo recuerdo, se sentaba el gordo en la puerta de calle con su camiseta blanca, y la tucumana le cebaba mate iba y venia por el zaguán, el gordo leía el diario y le gustaba vernos a los chicos jugar a la pelota, la calle Humahuaca era una calle muy especial, terminaba o empezaba ahí a unos metros de la casa contra el Mercado de Abasto, a la noche llegaban los camiones con la mercadería, a la madrugaba los minoristas la cargaban en los carros y al medio día, después que la parte mayorista del mercado se cerraba venían unas máquinas que lavaban la calle, quedaba todo limpito hecho un espejo, y de ahí hasta la noche la calle era nuestra, para los chicos, como jugábamos a la pelota a veces la pelota era de goma otras de trapo pero que importaba para gritar gol todo servía, un día me acuerdo, apareció una verdadera pelota de fútbol, la trajo uno de los pibes, no recuerdo quien era lo que recuerdo es que cuando le preguntamos quien se la había regalado, nos contó que se la había conseguido un tío, que lo único que había que hacer era escribir una carta a l Sra. Eva Perón, calle Perú 190 poner adentro del sobre nuestro nombre y dirección y en poco tiempo nos mandaría la pelota, me fui corriendo a la pieza repitiendo Perú 190 el nombre de Evita era fácil de acordarse, agarré la cartera del colegio y en la contratapa del libro de lectura anoté perú 190, pero yo siempre fui así pensé hacer tantas cosas que al final nunca las hice, quizá era que había que comprar papel sobre y la estampilla, si el viejo no hubiera trabajado tanto o si hubiera tenido un tío cerca la cuestión que nunca escribí y los otros chicos tampoco y al final con una sola pelota podíamos jugar todos, la cuestión que ese día que apareció la pelota me perdí de ir al cine y eso que ya tenía el vale que me había ganado repartiendo programas, pero era tan lindo patear una pelota de verdad..
Un día el padre de Carlitos me dijo que había conseguido un trabajo nuevo para la tarde, que era en un taller de cromado, que le iban a pagar muy bien y que con esa plata se pensaba comprar un terreno y edificar una casa, el gordo estaba contento, en los primeros días de trabajo se cromo todas las llaves, hasta cromo unas monedas que quedaron preciosas, pero después ya no se si servían porque tenían un color distinto a las comunes, a mi me cromo un tornillo grandote con tuerca y todo, que había encontrado en la calle, quedó precioso lo tuve mucho tiempo, hasta que un día creo que me rompió el bolsillo y lo perdí, ahora me acuerdo que una vez se lo mostré al Zurdo y quedó fascinado, le conté que me lo había cromado el papá de Carlitos, ¿Quién es? me preguntó y cuando se lo dije exclamó "El gordo de la camiseta blanca, con razón no lo veía más, me dijo y agrego yo creía que se había mudado, siempre que hacía una buena jugada, un caño, una chilena una palomita o un golazo, yo lo miraba y el gordo, el gordo me sonreía, que lastima que no está más", y sí nos habíamos quedado sin el espectador, yo ni me había dado cuenta porque siempre fui un tronco jugando a la pelota, pero al zurdo que era el mejor de todos, el público le hacia falta quedó triste el zurdo.
De Carlitos y del padre la verdad que ni me acuerdo si se hicieron la casa, porque los que se fueron, fuimos nosotros, un día mi papá que nunca aparecía durante el día, apareció y nos dijo, tenemos que ir a la escribanía, compré un departamento, vas a tener una pieza para vos solo me dijo y mamá va a tener una cocina para ella sola, va a estar tranquila.
El departamento era antiguo en un tercer piso por escalera y no tenía patio, solo un pasillo angosto, yo tenía una hermosa pieza, pero era la pieza más aburrida del mundo, la calle era sucia y llena de tráfico, los pocos chicos que había no podían jugar a la pelota.
Aunque no quedaba muy lejos de mi antiguo barrio, nunca más fui a la calle Humahuaca siempre pensaba ir pero yo soy así pienso pero no hago las cosas, por eso con esa mudanza me quedé sin amigos y nunca más los hice, mi vieja como tranquila estaba tranquila, aunque en el conventillo siempre la había visto bien, la recuerdo cuando se secaba las manos en el delantal y se acercaba a la puerta de la pieza de los tucumanos a escuchar la novela del negro Fautino, era tan lindo cuando escuchábamos todos juntos y nos reíamos.
Y sí con el tiempo me di cuenta que había perdido muchas cosas cuando nos mudamos del conventillo, pero algo me quedó de aquella época, un montón de recuerdos y ese orgullo, esa alegría inmensa de ser argentino.
En el pecho de lo niño
un pájaro poso el vuelo
un pájaro pequeñito
del mismo color del cielo.

Ramón de Almagro


donramon@sinectis.com.ar

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